Homilía

Misionariedad y sinodalidad en el servicio a la persona

La llamada a la sinodalidad en la Iglesia

El pasado domingo comenzaba en Roma la nueva modalidad sinodal de la Iglesia, tal como el Papa Francisco la ha concebido. Y este domingo, 17 de octubre, empezará el Sínodo en cada Iglesia local, iniciando una fase de gran participación del Pueblo de Dios en el mismo, marcada por tres conceptos claves: comunión, participación y misión. «El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio»: Será un itinerario eclesial, de tres años de duración, y está articulado en tres fases: diocesana, continental y universal, compuesto por consultas y discernimiento, que culminará con la Asamblea de octubre de 2023, en Roma. La sinodalidad «es dimensión constitutiva de la Iglesia», y significa caminar juntos en salida misionera, donde la Iglesia sepa encontrar, escuchar y discernir. Auguramos lo mejor es este momento o kairós sinodal de nuestra Iglesia y la superación de los tres riesgos posibles, de los que el Papa Francisco advirtió también el pasado domingo: formalismo, intelectualismo e inmovilismo.

Testigos de una experiencia misionera

Durante este mes misionero la Iglesia, además, se prepara para vivir la jornada del Domund 2021 el próximo día 24 de octubre con el lema “Cuenta lo que has visto y oído”. Esta llamada al testimonio público de la fe expresa la identidad misionera de la Iglesia en todos sus miembros. Esto es lo que la carta a los Hebreos resalta al invitarnos a mantenernos firmes en la profesión de la fe (Heb 4,14). Por ello la Iglesia católica quiere avivar la conciencia misionera de toda la Iglesia en este día y pretende promover en las comunidades cristianas el crecimiento de la fe, centrada en la experiencia de contar la obra salvífica de Dios en Cristo hacia toda persona y en el ejercicio de la misericordia con toda persona necesitada, especialmente con los descartados y marginados, con los pobres y con los que sufren.

Los misioneros en el mundo

Las situaciones sociales y políticas y las circunstancias generalmente adversas en que se desarrolla la acción misionera específica en las regiones sumidas en la miseria atroz de la pobreza, pueden suscitar hoy la toma de conciencia y de compromiso personal ante los graves problemas que afectan a nuestro mundo así como la solidaridad y el apoyo, espiritual y material, a los misioneros, de parte de las gentes de buen corazón y de los creyentes que habitan en cualquier parte del mundo. Merece la pena recordar a los trece mil misioneros y misioneras españoles, a los diez mil italianos, a los dos mil polacos y a los de todos los demás países que, en los lugares de mayor dificultad y penuria de la tierra, están entregando sus vidas por Jesús y por el Evangelio. Es tiempo de ofrecerles todo tipo de apoyo y nuestra oración.

Misioneros y Servidores de todos

El Evangelio de hoy proclama como mensaje misionero para hacer presente a Dios en el mundo actual una palabra realmente sorprendente, pues Jesús vuelve a reiterar la enseñanza capital de su mensaje: el que quiera ser el primero que se haga el último y el servidor de todos (Mc 10,35-45). Ésta es la instrucción que enmarca las directrices de la misión de los discípulos. Tal como había dicho Jesús en Mc 9,35, ahora, ante la incomprensión absoluta por parte de los discípulos, Santiago y Juan, vuelve a insistir en el mismo mensaje, pero añadiendo una palabra sobre el Hijo del Hombre que alude a él mismo. Él se presenta como el Hijo del Hombre, servidor de todos, que da la vida en rescate por todos. Y por eso insta a sus discípulos a que cambien de mentalidad y de criterios.

Ni despotismo ni opresión

Jesús crítica la actitud de los que gobiernan como déspotas y opresores y enseña a sus discípulos que la actitud que conduce al Reino de Dios y su justicia es la de ser servidores de los otros y particularmente de los últimos. Como discípulos de Cristo y misioneros del Evangelio la interpelación de Cristo nos permite preguntarnos si en nuestra vivencia de la fe aspiramos a servirnos de los demás y de Dios o a servir a los demás con la humildad que supone considerar superiores a los otros.

Seguimiento radical y sacrificio

La confrontación directa con Santiago y Juan muestra que, a estas alturas de la trama del evangelio de Marcos, los discípulos no habían entendido nada del camino propuesto por Jesús. Ellos aspiraban al poder y a la gloria y estaban dispuestos a instrumentalizar al mismísimo Jesús para conseguir su objetivo: “queremos que hagas lo que te pidamos”. Querían servirse de Jesús para conseguir el mejor puesto y una buena colocación junto a él. Jesús los confronta con su ignorancia y su atrevimiento. Él los remite al seguimiento radical que pasa por el sacrificio, el verdadero cáliz, de estar dispuestos a entregar la vida y sacrificarse siempre por los demás, como hace el siervo sufriente, de Is 53,10-11.

Los discípulos que todavía no entendían

Marcos incorpora un dicho que explica en qué consiste “beber el cáliz” que Jesús va a beber y repite hasta seis veces un término relativo al “bautismo”. Bautizarse no hace referencia solamente al bautismo ritual, sino que significa sumergirse, bañarse y empaparse de la misma vida de Jesús, cuyo destino de entrega, pasión y muerte acababa de anunciarles por tercera vez (Mc 10,32-34). La incomprensión de los discípulos se hace evidente. Por eso Jesús acaba corrigiendo su actitud poniendo de relieve cuáles son los criterios habituales que imperan en nuestra sociedad especialmente entre los considerados los primeros del mundo, los magnates económicos y los dirigentes de las naciones, los que tienen el poder económico y el poder político.

Servicio y entrega generosa

Marcos y Mateo emplean dos verbos muy fuertes e inusuales en el Nuevo Testamento para indicarnos que los poderosos explotan y tiranizan a los pueblos. Y Jesús expone abiertamente cuál es la nueva relación que se ha de establecer entre los suyos, una relación caracterizada por el servicio y la entrega generosa. Esta palabra del servicio a todos, empezando por los últimos, es decir, a los millones de pobres del mundo, frente a cualquier aspiración de dominio y de poder, es el mensaje de Jesús que la Iglesia anuncia hoy como palabra capaz de transformar el mundo, como testimonio de la fe en medio de la gran crisis y de todas las crisis.

La nueva mentalidad de los misioneros de Jesús

Frente a la dinámica social, de entonces y de ahora, de un sistema de tiranías y explotación de las gentes por parte de los políticos dirigentes y de los magnates del mundo, Jesús aporta una palabra de esperanza para todos los pueblos y particularmente para los últimos. El servicio a los demás, como actuación permanente, y la entrega de la vida, como horizonte ideal, constituyen el camino de liberación de la humanidad. En los misioneros de la Iglesia esa misma palabra se hace carne viva y todos ellos, sin escatimar sacrificio ni entrega, sino volcándose en el servicio a los pobres y a los que sufren, con lo que han visto y oído, siguen transmitiendo consuelo y esperanza a los más pobres de la tierra.

El Domund, apoyo total a los misioneros católicos

Ellos proclaman la misericordia de Dios a tiempo y a destiempo con su palabra y con su vida. Ellos son testigos del Evangelio de la misericordia y de la alegría, sirviendo a los últimos del mundo y haciéndose ellos mismos los últimos en el silencio de la entrega y en las periferias geográficas y existenciales del mundo. En el día del Domund la Iglesia pide todo tipo de apoyo para los misioneros de la fe y para sus proyectos evangelizadores y transformadores de las realidades de sufrimiento a las que entregan la vida.

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura