El rey indignado con los dirigentes
La indignación del Rey
Aunque un título como éste podría proceder de España, la gran indignación del rey contra los dirigentes es el tema de la parábola del evangelio que este domingo se escucha en la Iglesia católica (Mt 22,1-14). El motivo de su indignación es que él, siendo el rey, celebraba la boda de su hijo y, por medio de sus criados, avisó reiteradamente a los convidados, pero éstos no quisieron acudir y mataron incluso a los criados. Entonces el rey se indignó y aniquiló a los asesinos y destruyó su ciudad. Volvió a invitar a gentes de todas partes y la sala del banquete se llenó, pero uno que no llevaba traje de fiesta fue expulsado de la boda.
La presencia salvífica de Dios en la fiesta de un banquete
Una de las imágenes más hermosas de la Biblia para describir la transformación de la muerte en vida, del llanto en regocijo y del sufrimiento en alegría es la imagen del banquete. Isaías lo presenta como un festín de manjares suculentos y de vinos de solera. Pero no es un banquete privado ni destinado solamente a un pueblo, es un festín preparado por Dios para todos los pueblos (Is 25,6-10a). El carácter festivo y universal es el rasgo que define la realidad de la presencia salvadora de Dios, ya anunciada por el profeta Isaías y llevada a cabo por Jesús de Nazaret a través de su mensaje y de su actuación, que se centraron sobre todo en el Reino de Dios.

















