La fiesta de la santidad
En el día de todos los Santos la palabra de Dios nos introduce en el misterio de su amor, del amor que llena toda la vida haciendo extraordinaria cada acción ordinaria. El Papa Francisco nos recordaba en la Exhortación apostólica Gaudete et Exsultate (GE 10) la llamada de todos a la santidad: «Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1 P 1,16). Tres lecturas impresionantes nos acercan al misterio del amor y de la alegría propia de la santidad: El libro del Apocalipsis (Ap 7,2-17), la primera carta de Juan (1Jn 3,1-3) y el Evangelio de Mateo (Mt 5,1-12). Frente a tanta desfiguración profana, banal, rancia y superficial de esta fiesta, transformada para las jóvenes generaciones en la fiesta del disfraz terrorífico, del susto y de la muerte, sin la más mínima reflexión sobre el sentido de la vida, en la Iglesia celebramos la dicha de ser santificados por el Dios de la vida y del amor, de modo que todos somos y podemos vivir en la santidad.