El Cordero de Dios nos libera del pecado
El mensaje de este domingo nos ofrece dos elementos fundamentales de la identidad y de la misión de Cristo, presentándolo como “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” y “Luz de las gentes”.
El Cordero y Siervo de Dios
Acerca del título de “Cordero de Dios” (en griego: amnos tou Theou) aplicado a Cristo sólo se encuentra en este texto del Evangelio de Juan (Jn 1,29.36) y, en forma incompleta, sólo con el término amnos, en otras dos citas del Nuevo Testamento (Hch 8,32; 1Pe 1,19). A partir de estos textos la figura del “Cordero de Dios” se puede interpretar como una referencia al Siervo de Dios de Is 53,7 (sufriente, humilde y no violento, al igual que en Hch 8,32) y al Cordero pascual (aludido en 1Pe 1,19), como imagen referida a Cristo cuya sangre tan valiosa en su pasión, como de cordero intachable, es liberadora (cf. Ex 12,5). A través de esta representación de Cristo se puede percibir una tradición primitiva cristiana de origen palestinense, de carácter litúrgico, basada en la tipología de la pascua israelita.
El Siervo de Dios consigue la liberación del pecado





















